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Gigantes de piedra: la geología y la historia tras los acantilados

The basalt cliff face of Los Gigantes with a small boat below

Los acantilados de Los Gigantes son el borde expuesto del macizo de Teno, uno de los tres antiguos edificios volcánicos que más tarde se fundieron para formar Tenerife. Los estudios geológicos datan los basaltos de Teno en unos seis millones de años, entre las rocas más antiguas de la isla; todo lo que se ve en esa pared de 300 a 600 metros son coladas de lava apiladas, diques y capas de ceniza, cortados en limpio por los deslizamientos y el paciente Atlántico.

La muralla del infierno

Para los guanches, el pueblo aborigen de Tenerife, estos acantilados marcaban el fin del mundo: las crónicas recogen el nombre de Muralla del Infierno y la creencia de que las aguas a sus pies no tenían fondo. Los pastores guanches trabajaron los altos pastos de Teno durante siglos antes de la conquista castellana de la década de 1490; el pueblo interior de Santiago del Teide, hoy capital municipal, creció desde aquellas tierras altas, con su parroquia fundada por decreto real en 1678 bajo Fernando del Hoyo Solórzano, Señor del Valle.

Fuego en memoria viva

Este es también el rincón volcánico más joven de Tenerife en términos humanos: la erupción más reciente de la isla comenzó el 18 de noviembre de 1909 en el Chinyero, valle arriba, dentro de este mismo municipio. Duró diez días; la lava se detuvo antes de alcanzar los pueblos cercanos a la Montaña de Bilma — un alto que la tradición local atribuye a una procesión religiosa — y hoy el austero campo negro está cruzado por senderos señalizados.

De orilla de pescadores a destino turístico

Hasta los años sesenta, el litoral bajo los acantilados apenas albergaba más que barcas de pesca y bancales de tomateras. Los relatos históricos describen la urbanización del enclave desde principios de esa década con inversión británica, en torno al fondeadero natural que se convirtió en el actual puerto deportivo — y se ha mantenido deliberadamente pequeño: de poca altura, encalado y empequeñecido, como todo aquí, por los gigantes que le dieron nombre.